Los áridos son materiales granulares de origen natural, artificial o reciclado que se usan como componente principal en la fabricación de hormigón, mortero, asfalto y bases de pavimento. Son el insumo más abundante en volumen en cualquier obra de construcción, y su calidad tiene consecuencias directas sobre la resistencia, la durabilidad y el costo final del elemento construido.
Según datos de Construye2025, programa de Corfo administrado por el Instituto de la Construcción, los áridos ocupan entre el 65% y el 75% del volumen total del hormigón. Esto significa que son, con diferencia, el material más presente en cualquier mezcla. Para producir 1 m³ de hormigón H25 estándar se requieren aproximadamente 1.095 kg de gravilla y 715 kg de arena (en total, alrededor de 1,35 m³ de áridos secos antes de la compactación que produce la hidratación del cemento).
La consecuencia práctica de esta proporción es simple: cuanto mejor es el árido, menos cemento (el insumo más caro de la mezcla) necesitas para alcanzar la resistencia objetivo. Un árido con granulometría mal distribuida o con exceso de finos obliga a agregar más agua y más cemento para compensar, encareciendo la mezcla y debilitando el resultado final.
No todo material granular es un árido. La NCh163, norma chilena que regula los áridos para morteros y hormigones, distingue entre áridos propiamente tales (con propiedades físicas y químicas controladas) y otros materiales como el filler (polvo mineral sin función estructural) o los materiales de relleno no clasificado, que no cumplen los requisitos de absorción, desgaste ni granulometría que exige la norma.
La diferencia no es solo técnica: en licitaciones públicas y obras con supervisión, usar material de relleno no clasificado donde la especificación exige un árido conforme a NCh163 puede derivar en rechazo del material o no conformidad en auditoría.
Independientemente del tipo, todo árido se evalúa en tres dimensiones:
La primera clasificación,y la más relevante para entender el mercado chileno actual, es por origen del material.
Son los más usados en Chile y provienen directamente de yacimientos geológicos sin transformación química. Se dividen en dos subtipos según cómo se obtienen:
Las rocas más usadas en Chile para producir áridos de cantera son basaltos, granitos y andesitas, con buena resistencia al desgaste e impacto, especialmente disponibles en la Zona Central y Sur del país.
Se obtienen procesando residuos de construcción y demolición (RCD): hormigón demolido, mampostería y asfalto triturado. Según Construye2025, Chile genera alrededor de 7,1 millones de toneladas de RCD al año en edificaciones autorizadas, de las cuales el 60–80% es hormigón recuperable. Sin embargo, las tasas de reciclaje actuales no superan el 4%, frente a una meta del 70% al 2035 que establece la Hoja de Ruta RCD Economía Circular en Construcción.
La normativa chilena ya regula su uso con restricciones claras, que explicamos más adelante.
Se producen a partir de subproductos industriales: escorias siderúrgicas y escorias de cobre son los más relevantes en el contexto chileno. La NCh3851:2024 es la primera norma chilena que los regula específicamente, habilitando su uso en bases, subbases, morteros y hormigones con aplicaciones definidas. Tienen disponibilidad natural en las regiones mineras del norte, donde la escoria de cobre es un subproducto abundante.
La granulometría, es decir, la distribución de tamaños de las partículas, es la variable técnica más importante en la selección de un árido. La NCh163 establece los rangos de referencia. Esta tabla resume los tipos comerciales más usados en Chile:
Una variable asociada al tamaño es el módulo de finura de las arenas: un indicador que resume la distribución granulométrica en un solo número. Para arenas gruesas usadas en hormigón estructural, la NCh163 establece un rango de 2,4 a 3,1, con una tolerancia de ±0,20 entre entregas del mismo proveedor. Una variación mayor indica inconsistencia en el suministro.
El proceso de obtención y tratamiento influye directamente en las propiedades del árido final.
Ya mencionado en la clasificación por origen, pero vale reforzar las consecuencias prácticas:
El lavado elimina arcillas, limos y materia orgánica adherida a la superficie de las partículas. Para arenas destinadas a revestimientos y morteros finos, es prácticamente obligatorio: las arcillas aumentan la demanda de agua y producen fisuras de retracción en el fraguado. Para hormigones estructurales, el lavado mejora la adherencia pasta-árido y reduce el riesgo de contaminantes que afecten el fraguado.
En Chile, dos normas principales regulan el uso de áridos en construcción. Conocerlas es útil no solo para quienes especifican materiales, sino para cualquier profesional que evalúe proveedores o revise documentación técnica de obra.
La NCh163, en su versión actualizada de 2024, es la norma de referencia para todos los áridos destinados a morteros y hormigones en Chile. Define los requisitos de granulometría, resistencia al desgaste (ensayo Los Ángeles), absorción, contenido de finos y presencia de sustancias perjudiciales. La actualización de 2024 (preparada por el Instituto del Cemento y del Hormigón de Chile) introduce un cambio relevante: traslada la granulometría de requisito exigible a recomendación en anexo, priorizando la curva granulométrica combinada total de la mezcla.
La NCh170:2016 complementa la anterior estableciendo cómo determinar el tamaño máximo de árido según la geometría del elemento a hormigonar. Las dos reglas prácticas que debe conocer cualquier profesional:
La revisión de NCh163:2024 y las normas prNCh3848/3849/3850/3851 en desarrollo son la señal más clara de hacia dónde va el mercado chileno. La normativa avanza hacia habilitar el uso regulado de materiales alternativos, lo que en la práctica abrirá nuevas opciones de suministro, especialmente para proyectos con restricciones ambientales o ubicados lejos de fuentes de árido natural.
La actualización normativa no es solo un tema técnico: tiene consecuencias directas sobre qué materiales puedes especificar y comprar en una obra chilena hoy.
La NCh163:2024 habilita el uso de árido grueso reciclado (de RCD) en hasta un 10% del total del árido grueso en hormigón convencional, sin necesidad de análisis adicional, siempre que se documente la trazabilidad del material de origen. El árido fino reciclado no está permitido salvo autorización expresa del proyecto, por su mayor variabilidad y contenido de contaminantes.
Para áridos artificiales de escoria, la NCh3851:2024 ya permite su uso en bases, subbases, morteros y hormigones con aplicaciones específicas. Esta norma tiene especial relevancia en el norte del país, donde la disponibilidad de escoria de cobre como subproducto minero es alta.
Los áridos no son un commodity genérico: cada tipo responde a una lógica técnica distinta que define la calidad, el costo y la durabilidad del elemento construido. Entender la diferencia entre un árido rodado y uno chancado, entre arena fina y zahorra, o entre un árido reciclado habilitado y uno que no cumple norma, es el punto de partida para especificar bien y evitar errores costosos en obra.
La normativa chilena está en un momento de cambio relevante, con la actualización de NCh163:2024 abriendo la puerta a materiales alternativos que antes no tenían regulación. Conocer ese marco es una ventaja concreta a la hora de evaluar proveedores, revisar fichas técnicas o planificar el suministro de una obra.